Se habla de incontables beneficios que trae consigo el jugar ajedrez. Pero, ¿será verdad todas esas virtudes que se dicen acerca del ajedrez, o son simplemente exageraciones de los amantes de este noble juego? En este artículo vamos a intentar desentrañar este misterio.
Un conocido estudio muestra que, si se toman dos escuelas al azar, y una se le enseña ajedrez en forma metódica y a la otra escuela se deja como está, al cabo de un año, el grupo que estudió ajedrez mostrará un nivel superior de conocimientos que que el otro grupo. ¿Cuál será el proceso cognitivo que siguen los ajedrecistas, que los hace más inteligentes que los demás? Veamos a continuación varios aspectos del pensamiento ajedrecístico.
Supongamos que aprendo un modelo de apertura que lo vamos a denominar (A). Lo repito varias veces para que se grabe en mi memoria. Esto se llamará "repetición simple". Cuando aplique este conocimiento en una partida real, habrá algunas modificaciones por jugadas no previstas en alguno de los jugadores, adaptando el juego a esta situación. A esto se le llamará "repetición con adaptación". De la misma manera, aprendo otro modelo de apertura similar, el cual llamaremos (B). Estos modelos (A y B) van creando en el pensamiento el "proceso lógico".
Con el conocimiento de estos dos modelos, podré combinarlos de tal manera, que puedan formar un nuevo modelo, al que llamaremos (C), conociéndolo como "integración creativa". Esto es parte del pensamiento intuitivo, tan fundamental en la resolución de problemas como en la toma de decisiones. ¿Por qué? Porque durante la partida se necesita del conocimiento técnico, pero también se necesita de la capacidad de adaptarnos a posiciones particulares para alcanzar la victoria. El poder integrar estas dos partes nos desarrollarán habilidades especiales las cuales se verán más adelante.
Por las características del juego, se cultivan varios
valores como: el espíritu de lucha, el afán por alcanzar la victoria, tesón
defensivo, audacia en el ataque, frialdad ante situaciones complicadas,
paciencia y esmero para ganar cuando se tiene una pequeña ventaja, creatividad
por la enorme cantidad de buenas jugadas que se pueden realizar, capacidad de
análisis y síntesis, reflexión profunda, cálculo exacto, imaginación, etcétera,
los cuales crearán el carácter en cualquier persona para que pueda destacar en el
ámbito que desee.
El ajedrez, al igual que cualquier otra actividad, nos
plantea varias dificultades o problemas, pero aquí la diferencia es que
podemos cerrar el ciclo Propósito-Acción-Evaluación. Cuántas veces ante un
problema hemos dicho: “no puedo resolverlo”. En cambio, el ajedrez no sólo es
el propósito de resolverlo, sino que debe de haber una acción y una posterior
evaluación para ver qué tan acertada fue nuestra acción. Solamente hay que
tener decisión para afrontar el problema.
En el análisis de un problema (un rompecabezas, por
ejemplo), la mayoría de las personas tienden a repetir posiciones utilizadas
infructuosamente, a causa de una desorganización del pensamiento. El ajedrez,
como modelo tridimensional, es más difícil repetirlos, por lo que tiende a
organizar el pensamiento. Aparte de esto, hay novedosos estudios de neurología
que develan el pensamiento en su máxima expresión. He aquí un resumen de estos
hallazgos.
Desde hace tiempo, se había comprobado la existencia de
dos tipos de ondas en el cerebro: las ondas Alfa y las ondas Beta. Las
ondas alfa tienen aproximadamente una frecuencia de 10 ciclos por segundo,
mientras que las ondas beta oscilan entre los 17 hasta los 20 ciclos por
segundo. Actualmente se han descubierto otros tipos de ondas como los Beta Alta, que oscilan entre los 25
hasta los 30 ciclos por segundo; las ondas Zeta,
que oscilan hasta los 5 ciclos por segundo, y las ondas Delta, que se frecuencia es menor a un
ciclo por segundo.
Las primeras ondas que se registran en el cerebro son las
Delta, puesto que son las que requieren una mínima actividad y el máximo
descanso. Después aparecen las ondas Zeta, que se relacionan con las emociones
respecto a la satisfacción de las necesidades fisiológicas elementales. A la edad
de los 3 hasta los 7 años, que es la edad donde comienza la asimilación de
conceptos, aparecen las ondas Alfa, que paulatinamente van predominando sobre
las ondas Delta y Zeta. Las ondas Alfa se relacionan con la capacidad de
aprendizaje. Después aparecen las ondas Beta que facilitan la atención
prolongada para la solución de problemas complejos. También con estas ondas
empiezan a aparecer los primeros síntomas de ansiedad. Y por último, aparecen
las ondas Beta Alta, que tienen relación directa con la ansiedad elevada.
Cuando el predominio de las ondas Beta es elevado, darán paso a las ondas Beta
Alta, que se relacionan con el estrés y ansiedad, suprimiendo las ondas Alfa,
con los resultados ya expresados.
La excitación de la mente puede producir bloqueos
mentales que son causa de indecisión y titubeos. Esto está relacionado con el
sistema nervioso, el cual se divide en dos partes: la primera ejerce el
control de las acciones voluntarias, y la segunda controla las acciones
involuntarias. Esta última se llama Sistema
Nervioso Vegetativo (SNV), y éste se subdivide en dos sistemas de acción:
el Simpático que acelera, y el Parasimpático que frena. La parte del
sistema nervioso que se ocupa de las acciones voluntarias, que incluye la
conciencia y el pensamiento, se siente muy respaldada por el SNV, ya que éste
lo libera de ocuparse de un gran número de rutinas metabólicas como son la
respiración, la corriente sanguínea, etc.
Se dice que el hombre sólo desarrolla el 10 por ciento
del potencial que tiene de facultades mentales. ¿Qué ocurre con el otro 90 por
ciento? Es muy simple: no podrá concentrarse mientas el SNV pueda ejecutar sus
a veces innecesarios y equívocos bloqueos sobre el trabajo mental profundo,
intenso y consciente. Por ejemplo, trabajo físico y trabajo intelectual. Se
plantea que el primero nos prepara para el segundo. Pero, ¿en qué se se
diferencían ambos tipos de trabajo? Se sabe que el trabajo muscular está regido
por mecanismos fisiológicos basados en el equilibrio excitación-inhibición, regulados por el Simpático y el
parasimpático. Esa energía asociada al trabajo muscular e intelectual es
proporcionada por un proceso de los componentes bioquímicos del Adenosin
Trifosfato ATP, y la Adenosin
Difosfato ADP, y éstos están
regulados por el SNV.
En resumen, si una persona trabaja bajo presión, se pone
a merced del SNV, el cual se encargará de bloquear el 90 por ciento del trabajo
mental; pero por medio del ajedrez se puede llegar a regular las ondas
cerebrales para que se pueda potenciar la mente.
Gracias a diversas investigaciones que han realizado los
científicos, sobre todo con la Tomografía de Emisiones de Positrones (TEP),
han logrado identificar las porciones del encéfalo que se activan cuando se
está jugando ajedrez, el cual explicaremos brevemente a continuación.
Las habilidades de discriminación espacial entre las
piezas blancas y negras activa partes de los dos lados del cerebro asociadas
con el procesamiento de imágenes. El recuerdo de las reglas activa dos partes
del lado izquierdo del cerebro, una estructura pequeña asociada con el archivo
de la memoria y una sección cerca del oído asociada con el almacenaje de la
memoria. La maniobra de mate activa áreas de los dos lados y cerca del frente
del cerebro, necesarias para la planificación de la jugada, y parte posterior
para generar imágenes. Esas áreas frontales son como unidades de manejo de
conocimientos similares a otras zonas de almacenamiento de memoria en el
cerebro, pero que coordinan una gran cantidad de información en una secuencia
específica.
Con todo esto podemos deducir que el ajedrez puede
acarrear varios beneficios para quien lo practica; pero, ¿por qué conocemos a
tanta gente que juega ajedrez, y en vez de serle provechoso, parece lo
contrario? La respuesta es sencilla: Porque no lo practican en la forma en que
debieran. Veamos los ejemplos más comunes:
1. Práctica
empírica del ajedrez.
Sólo se desarrolla el pensamiento intuitivo, pero sobre experiencias mal
estructuradas por falta de la teoría, no desarrollándose la relación necesaria
entre lo intuitivo y el análisis lógico.
2. Excesivo
estudio teórico.
Se le imprimen una cantidad exagerada de datos a la memoria, guiándose por la
actividad lógica, la cual atrofia el pensamiento, ya que la persona toma las
decisiones a través de la búsqueda memorística de datos ya aprendidos,
desarrollándose de mal manera su estructura de razonamiento, porque jugará en
base a conceptos bien o mal recordados.
3. Jugar
ajedrez de apuesta.
Esto es muy nocivo para la persona, ya que no buscará su desarrollo personal ni
ajedrecístico, sino que buscará jugar siempre con personas que sean más
débiles que él, por el solo hecho de ganar dinero.
4. Anteponer
el ajedrez al estudio.
Nunca debe anteponerse el ajedrez a la actividad principal. El ajedrez debe de
tomarse como un pasatiempo y una herramienta útil para salir adelante en
cualquier actividad.
Con esto queremos decir que la práctica del ajedrez trae
muchos beneficios, pero lo más valioso del ajedrez, es que no sólo es
formadores de jugadores de ajedrez, sino también se puede formar por medio de
éste, a personas productivas en cualquier campo con una conducta moral
elevada. Esto se logra fomentándoles el amor por el estudio, el interés por
lograr un mayor rendimiento en cualquier actividad que se realice y elevar el
nivel intelectual que le permita a cualquier persona triunfar en la vida.
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